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Debate necesario en torno a la economía colaborativa

Debate necesario en torno a la economía colaborativa

La economía colaborativa explosionó a partir del 2010 impulsada por Internet y por flujos de innovación cada vez mayores. Se dice que es un tipo de economía que promueve como su base, consumo alternativo en la medida en que la relación entre quien vende bienes o servicios y quien consume esos bienes y servicios es muy diferente a lo que ocurre en el mercado tradicional.

La concepción de prestar, alquilar, comprar o vender en este modelo se transforma al tenor de las necesidades específicas de quien las requiere y no está sujeta 100% a los beneficios económicos. De hecho, hay personas que ‘prestan’ un sofá o un dormitorio en su casa a un extranjero por el simple propósito de entablar conexiones más allá de su metro cuadrado y probablemente tener donde pasar unas noches en el país de origen de su huésped. Eso sí, a pesar de ser gratuito, ese servicio tiene reglas, las condiciones que impone el dueño del inmueble.

No es que la economía colaborativa nos devolvió a la época del trueque. Lo que es cierto es que está estrechamente determinada por una razón de intercambio diferente al monetario por eso también se le conoce como economía compartida. En todos los casos hay elementos en común: uso de plataformas digitales como mecanismo inicial (o único en algunos casos) de negociación; está llamada a generar ahorros y tiene implícito una gestión de recursos al prever que si un producto ya no le es funcional a una persona, lo será para otra; lo cual supone un beneficio medioambiental.

Sus conexiones con la responsabilidad social aún están siendo analizadas, dada su incipiente aparición. Sin embargo, al ser un modelo que nació con un objetivo social (compartir) es importante que migre hacia sistemas de sostenibilidad más robustos empezando por un elemento que ha estado en la lupa desde su inicios: la legalidad y la regulación a la que son objeto. La crítica recae justamente en que compiten en condiciones diversas a las empresas del mercado convencional pero si estas condiciones le permiten tener beneficios saltando la ley, el valor del modelo no tendría sentido. No en vano la Comisión Europea giró líneas regulatorias en el 2016, un año después afloraron nuevas disposiciones con el fin de garantizar la protección de los consumidores, de los trabajadores y por supuesto, el correcto, oportuno y justo pago de cargas fiscales.

 

Para más información vea el siguiente enlace

https://diarioresponsable.com/opinion/25218-economia-colaborativa-y-responsabilidad-social-desafios-de-las-nuevas-plataformas

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