Acciones Responsabilidad Social

La Ética en tiempos de crisis

La Ética en tiempos de crisis

Por: Guido Alberto Monge Fernández

Vicepresidente Ejecutivo Movimiento Solidarista Costarricense

Miembro Fundador del CCNRS


La pandemia COVID-19 nos obliga a pensar una vez más, en lo que tantas veces han reiterado Bernardo Toro y Leonardo Boff, “… que nos encontramos hoy frente a una gran paradoja: al mismo tiempo que estamos creando todas la condiciones para la desaparición de la especie humana, tenemos la posibilidad de impulsar  las condiciones para hacer posible el relacionamiento y el encuentro global como especie”.[1]

Estamos peligrosamente empezando a llegar a los límites de lo que los científicos llaman el Antropoceno, es decir, una etapa de la evolución humana en la cual nosotros mismos nos hemos convertido en las principales causas de los impactos ambientales, sociales, culturales, y económicos que padece la Tierra.

Aunque en otros momentos de la historia de nuestro planeta se dieron procesos de globalización, el actual es de una potencialidad y de unas repercusiones tan significativas que no pueden encontrarse antecedentes comparables. Sin duda alguna ha sido la principal fuerza motriz detrás del crecimiento vertiginoso del comercio mundial, la creciente diversidad de la producción y de la transformación tecnológica, la explosión del conocimiento y la información de indudables efectos sobre el desarrollo de regiones y países.  Pero es importante señalar por otro lado, que este proceso, tal y como ha venido funcionando, lejos de contribuir a cerrar las brechas de pobreza, desigualdad social y territorial  y deterioro ambiental, más bien está ampliándolas en algunas de estas dimensiones críticas del desarrollo sostenible.

La actual crisis del COVID-19 ha dejado claramente al descubierto la siguiente premisa de supervivencia planetaria: o la globalización se humaniza o seremos testigos de aumentos significativos en la inequidad, la insolidaridad social, así como los riesgos ambientales que van a acelerar la imposibilidad de que transformemos la economía global y las nacionales hacia niveles crecientes de bienestar colectivo y de cohesión social. No puede haber prosperidad con desigualdad. No puede haber sostenibilidad sin solidaridad.

En este sentido, esta pandemia nos advierte sobre la urgencia de caminar hacia un modelo de desarrollo global y nacional, cuyo énfasis no esté centrado en criterios o reglas del juego basados exclusivamente en la racionalidad del interés individual y la maximización de la ganancia, sino en principios básicos de responsabilidad social  que permitan conciliar nociones de competitividad y generación de riqueza sin renunciar a las aspiraciones de solidaridad, equidad y justicia redistributiva consustanciales al desarrollo integral de las personales.

De cual camino escojamos va a depender el planeta que dejemos a las nuevas generaciones. Se trata de un compromiso ético de interés colectivo por la decencia hacia los humanos de hoy y del futuro. Que no se nos olvide. Estamos en el mismo barco. O salimos a flote todos o nos hundimos. La crisis actual nos ha enseñado lo profundamente vulnerables e interconectados que estamos como especie humana.  

En la Tercera Conferencia Europea de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) celebrada en España en el año 2011, escuché la afirmación de que quien tiene el poder tiene la responsabilidad colectiva o individual de avanzar hacia mayores niveles de bienestar. No importa cuál sea el espacio de nuestro quehacer (profesional, personal, familiar, comunal, nacional o global) cada uno de nosotros tiene el poder para iniciar cambios. Y quienes tenemos ese poder deberíamos asumir la responsabilidad de hacer cosas por el conjunto de la humanidad de forma que contribuya al bienestar colectivo.

[1] Toro B. y Boff, L. Saber cuidar: el nuevo paradigma ético de la nueva civilización. Elementos conceptuales para una conversación. (2009) en www.seminarioelcuidado.net

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